!QUE VIVAN LA UTOPIA, LA ESPERANZA Y LOS SUEÑOS


“Seamos realistas, hagamos lo imposible” Ernesto Che Guevara
Es tiempo de volver sobre nuestros pasos, como elegantemente planteaba, el famoso escritor francés Marcel Proust, en “su busca del tiempo perdido”. ¿Me pregunto, debo seguir cabalgando por “el camino de Swann”, sin encontrar explicaciones convincentes a la degradación social? Siento, que es necesario volver a soñar en medio de la caricaturesca democracia a la cual hemos descendido, para poder construir realidades diferentes.
Al contemplar atónito el entorno de: desenfreno, violencia, inseguridad, falta de protección, desempleo, deficiente salud y educación científica, relajo institucional y demás males. Reflexiono sobre si debemos imbuirnos de nuevo con aquella utopía filosófica y política, concebida por Tomás Moro, en su famosa obra escrita en el año 1516; y que para esa época impactó la conciencia nacional; por sus pensamientos y enfoques sobre la necesidad de conformar realidades innovadoras; al estilo de lo idealizado por el famoso discípulo de Sócrates, Platón, en su célebre obra La República.
¿O acaso, debemos tirar la toalla y pensar que nos venció el prag- matismo vulgar, las conveniencias coyunturales, el clientelismo y facilismo que hoy campean por doquier? ¿Acaso se agotó el espacio para reconstruir una nueva utopía, en la cual puedan fraguarse nobles ideales de equidad, justicia, solidaridad y soberanía? ¿Cabe pensar que nos venció la conveniencia, el neoliberalismo, populismo, corrupción y analfabetismo social?
¿Finalizó la pertinencia de la pro- testa, la indignación, el ideal, la educación, el cambio y la posibilidad, aludida por Aldous Huxley, de construir “un mundo feliz”? ¿Piensa alguien que fue en vano el sacrificio del Divino Maestro, eterno Rabí de Galilea, por un mundo terrenal, también redimido? ¿Es posible que el proyecto inconcluso de Juan Pablo Duarte encuentre redentores, hombres y mujeres que le den continuidad con determinación, a los fines de instaurar la democracia y libertad económica y social con la que soñó el Patricio?
¿Podríamos nosotros dormir tranquilos ante el juicio de la historia, cuando nuestros hijos, pregunten por nuestro desempeño en término de aportes, para crear una nueva sociedad?
Estas y miles de preguntan nos azotan; en medio del silencio y la impotencia que nos arropa cuando vemos el paso agigantado del tren; que se dirige impertérrito a un desenlace indeseado e inmerecido. En ese contexto, retomo la utopía de Tomás Moro; para reencontrar- nos con pensamientos, principios e ideales. Y no permitir que, cansan- cio y rutina nos metan al saco de la indiferencia y el mutismo. El pueblo es soberano repetíamos a los cuatro vientos, eran tiempos de la primera juventud, rebeldía, pro- testa, lucha y primavera. Esa ver- dad irrefutable sigue teniendo la misma categoría. Y ahora mucho más, en mundo conectado, en el que hasta el más humilde, tiene espacio para la opinión, propuesta y protesta.
Y ahora, al paso del tiempo, todavía quedan energías, fortalezas y visión holística para discriminar lo bueno de lo malo y para empren- der nuevos desafíos. Escribo estas cuartillas y aspiro sirvan no sólo de desahogo, sino que las mismas se conviertan en levadura y terreno fértil para abonar el terreno de luchas sensibles, con sabor a pueblo, para conquistar a través de ellas, lo que en realidad merecemos: dignidad, salud, educación, trabajo, decencia, pulcritud y desarrollo.
Invoco a la juventud de siempre para que no permitan que muera la utopía y la esperanza. ¡Que no calle el cantor, porque calla la vida!
AUTOR PROF. EMILIANO DE LA ROSA 

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